¿Puede un niño opinar solo cuando se porta bien?

Agosto 25, 2026

Una investigación de la Defensoría de la Niñez revela que, aunque existe un amplio reconocimiento de los derechos de niños, niñas y adolescentes (NNA), todavía persisten entre las personas adultas concepciones que condicionan su ejercicio a la conducta.

La pregunta puede parecer sencilla, pero los resultados de una reciente investigación obligan a mirarla con mayor atención: un 15% de las personas adultas encuestadas considera que los NNA deberían poder dar su opinión solo si se portan bien.
El dato forma parte del Segundo Estudio de Opinión de Adultos Referente a los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes 2025, cuyos resultados fueron dados a conocer el 14 de agosto de 2026 por la Defensoría de la Niñez a través de una publicación alojada en su sitio institucional.

¿Quién realizó la investigación?

La investigación fue licitada por la Defensoría de los Derechos de la Niñez y adjudicada en noviembre de 2024 a ASIDES, Sociedad de Asesorías Integrales para el Desarrollo Social Ltda.

ASIDES se define como un equipo especializado en investigación social, planificación estratégica y desarrollo de procesos participativos. Entre sus metodologías contempla herramientas cuantitativas, cualitativas y mixtas para el levantamiento y análisis de información.

La consulta consideró 1.969 personas adultas de las 16 regiones de Chile mediante un diseño probabilístico con un error muestral del 2% a nivel nacional y un nivel de confianza de 95%. Los resultados fueron contrastados, además, con la primera medición realizada en 2021 y con información proveniente de consultas a NNA.

Conocer los derechos no siempre significa comprenderlos de la misma manera

Uno de los resultados iniciales resulta alentador: 89% de las personas adultas declara conocer o haber escuchado hablar de los derechos de NNA. Sin embargo, ese reconocimiento convive con determinadas ideas que pueden limitar la forma en que esos derechos son entendidos en la práctica.

La mitad de las personas consultadas considera que niños, niñas y adolescentes deben cumplir sus deberes para poder exigir sus derechos. Y un 15% sostiene que deberían poder dar su opinión únicamente cuando se portan bien. Ambas cifras se mantienen estables respecto de la medición de 2021.

Si bien estas respuestas reconocen que niños, niñas y adolescentes tienen derechos, también muestran que parte de las personas consultadas entiende que su ejercicio depende del cumplimiento de deberes o de su comportamiento. Es decir, se reconoce que tienen derechos, pero no siempre se comprende que estos no están condicionados a cómo se comporten.

Un derecho no funciona como una recompensa por cumplir determinadas expectativas adultas. Por eso, estar en desacuerdo, manifestar enojo, equivocarse o presentar una conducta que incomoda no elimina la posibilidad de expresar una opinión.

El derecho a ser escuchado aparece entre los menos respetados

La percepción adulta también revela otra señal relevante: al preguntar cuáles son los derechos de niños, niñas y adolescentes que los propios adultos respetan menos, el derecho a ser escuchado ocupa el primer lugar con un 17% seguido por el derecho a estar protegido contra toda forma de violencia con un 16%.

A esto se suma un cambio registrado entre 2021 y 2025. El porcentaje de adultos que considera que NNA deberían sentirse siempre o casi siempre libres de expresar su opinión frente a sus familias disminuyó de 93% a 88%. En el caso de profesores y profesoras, la cifra bajó de 91% a 83%.

Los resultados también muestran una mayor disposición adulta a intervenir en espacios de privacidad: la proporción que considera que madres y padres tienen derecho a revisar los celulares, computadores o tablets de sus hijos e hijas aumentó de un 79% en 2021 a 85% en 2025.

La mirada de los adultos no siempre coincide con la de niños y adolescentes

Uno de los aspectos más interesantes de la investigación aparece al comparar ambas perspectivas.
Mientras el 42% de los adultos consideran que su grupo etario respeta siempre o casi siempre los derechos de niños, niñas y adolescentes, esa percepción disminuye a 31% entre los propios niños. A su vez, un 65% de estos últimos señala que sus derechos son respetados solo “a veces”, frente a un 45% de los adultos.

La diferencia no es menor. Muestra que la evaluación que los adultos hacen sobre el respeto de los derechos de la niñez puede ser considerablemente más favorable que la experiencia que tienen quienes viven directamente esas situaciones.
Y esa distancia plantea una cuestión fundamental: si queremos saber cómo se están respetando los derechos de niños, niñas y adolescentes, no basta con preguntar a los adultos. También es necesario escucharlos directamente a ellos.

La propia Defensoría destaca precisamente la importancia de incorporar sus perspectivas en la evaluación de sus derechos.

También existen diferencias respecto de los problemas que afectan a la niñez

Ese contraste entre ambas miradas aparece nuevamente cuando se pregunta cuáles son los principales problemas que afectan actualmente a los NNA.
Para las personas adultas, los principales temas son el uso de celulares y tecnología (16%), el entorno en que viven (15%) y la falta de valores o respeto hacia otros (12%).
Entre niños, niñas y adolescentes, en cambio, las principales preocupaciones son diferentes: la falta de educación sexual (41%), la violencia e inseguridad en las calles (28%) y el acoso escolar o bullying (14%).

La comparación permite advertir algo sencillo pero relevante: los adultos pueden interpretar las necesidades de la niñez desde sus propias preocupaciones, mientras que quienes viven esa etapa pueden estar experimentando otras urgencias.

Una conversación necesaria

Los resultados de esta investigación no apuntan a establecer una división entre adultos y niños ni a cuestionar el papel protector que corresponde a las personas de mayor edad. Más bien, invitan a revisar una idea profundamente instalada: que escuchar a niños, niñas y adolescentes es algo que puede concederse o retirarse según las circunstancias.

El derecho a ser escuchado no depende de que una conducta resulte agradable, conveniente o aprobada por un adulto. Escuchar tampoco significa necesariamente estar de acuerdo ni aceptar automáticamente aquello que se plantea. Significa reconocer que su perspectiva importa y que debe ser considerada en los asuntos que les afectan.

Para quienes trabajan cotidianamente con niños, niñas y adolescentes esta distinción resulta especialmente significativa ya que muchas veces la verdadera participación no se pone a prueba cuando existe acuerdo, sino precisamente cuando aparece el desacuerdo. Y quizás allí se encuentra la pregunta que deja abierta esta investigación:
¿Estamos escuchando a los niños y niñas por el solo hecho de que tienen derecho a ser escuchados o todavía esperamos que se comporten como queremos para dar valor a lo que tienen que decir?
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Fuentes consultadas
Defensoría de la Niñez
Publicación oficial: “Estudio de la Defensoría de la Niñez: Nueve de cada diez adultos conocen los derechos de la niñez, pero la mitad condiciona su ejercicio al cumplimiento de deberes”. Publicada el 14 de agosto de 2026.
Ver la publicación original en la Defensoría de la Niñez
Defensoría de la Niñez — documento completo
Segundo Estudio de Opinión de Adultos Referente a los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes 2025. El documento señala que la investigación fue licitada por la institución y adjudicada a ASIDES en noviembre de 2024.

ASIDES, Sociedad de Asesorías Integrales para el Desarrollo Social Ltda.
Entidad responsable de la ejecución de la investigación. Su sitio institucional informa su especialización en investigación social aplicada, análisis y evaluación, planificación estratégica y procesos participativos.
Visitar el sitio oficial de ASIDES

 

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